29 de Noviembre de 2025
HERMOSILLA

Con un nivel de descaro digno de registro, Luis Hermosilla —el abogado estrella caído en desgracia por el escándalo del Caso Audio— salió este viernes del Anexo Capitán Yáber lanzando un verdadero acto de victimización pública. Al abandonar su breve estadía en prisión preventiva para trasladarse cómodamente a su hogar en Vitacura, Hermosilla no perdió la oportunidad de posar como mártir, agradeciendo a sus leales y defendiendo el penal como si se tratara de una visita a un hostal invernal: “Pasé mucho frío”, reclamó ante las cámaras, envuelto en su parka de alta gama, como si el verdadero drama nacional fuera la temperatura de su celda.

Aprovechando el micrófono, Hermosilla intentó reposicionarse como un perseguido político-judicial. Disparó contra el Ministerio Público, acusando una supuesta “manipulación de pruebas”, comparando el actuar de los fiscales con tiempos oscuros del sistema judicial chileno. Con tono desafiante, exigió ser llevado a juicio oral “ya, inmediatamente”, asegurando su inocencia con una seguridad más propia del espectáculo que del rigor jurídico. La narrativa del mártir caído se reforzaba con cada palabra, aunque el país entero recuerda los audios donde hablaba de “engrasar” con billetes.

Pero Hermosilla no se quedó solo con la Fiscalía: también apuntó sus dardos a lo que llamó la “justicia de matinal”, criticando a los panelistas de televisión que, según él, han dañado su honra con comentarios “infundados”. Lo que omitió decir es que el daño no lo causó un matinal, sino sus propias palabras grabadas en audio, que lo pusieron en el centro de uno de los escándalos más escabrosos de colusión entre abogados, fiscales y poder político.

En resumen, Luis Hermosilla salió de prisión con el mismo traje con que entró: el del abogado blindado por su ego, incapaz de asumir responsabilidad, y convencido de que el problema no es haber quedado al descubierto, sino que lo hayan escuchado. Mientras la justicia avanza, él se acomoda en su casa de Vitacura, que seguramente es más cálida que Yáber, pero no lo suficiente para derretir el cinismo con el que sigue hablando.

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