Johannes Kaiser, exdiputado del Partido Republicano y ahora autoproclamado presidenciable, ha construido su carrera más sobre escándalos que sobre propuestas concretas. Desde su irrupción en política, se ha caracterizado por intervenciones polémicas, muchas de ellas con un tono provocador y revanchista, disfrazadas de “corrección política al revés”. En sus discursos, Kaiser ha puesto en duda incluso el derecho al voto femenino –comentario que le costó la militancia en su propio partido por un tiempo–, afirmación que luego intentó matizar diciendo que era “solo un análisis histórico”. El patrón es claro: lanza frases incendiarias, y luego se escuda en el sarcasmo o en la “libertad de expresión”.
Ya en el Congreso, su actuar fue más bien errático. En vez de enfocarse en el desarrollo de leyes sustantivas, Kaiser optó por usar la Cámara como un púlpito desde el cual disparar contra el feminismo, las minorías sexuales, los migrantes y cualquier agenda progresista. En muchas ocasiones fue desmentido en vivo por sus propios colegas, ya que sus cifras y afirmaciones solían carecer de respaldo serio. Uno de los episodios más bochornosos fue cuando acusó sin pruebas a la ONU de querer destruir las fronteras nacionales para imponer una “agenda globalista”, mezcla de conspiración y populismo extremo que lo hizo blanco de críticas incluso dentro de su sector.
Ahora como precandidato presidencial, Kaiser no ha moderado el tono, sino que lo ha endurecido. Repite eslóganes sin sustancia, apela al miedo y explota la desinformación como herramienta política. Más que plantear soluciones, busca likes con frases chocantes. Su campaña parece nutrirse más de los algoritmos de YouTube que de un programa serio de gobierno. En tiempos donde Chile necesita consensos y liderazgo responsable, figuras como la de Kaiser representan un retroceso peligroso: ruido sin contenido, furia sin dirección y discursos vacíos camuflados de valentía ideológica.
En su última aparición en Sin Filtros, se mandó esta caricatura que no dejó ajeno de reacciones tanto a los panelistas como a la audiencia de redes:
Y las redes obviamente reaccionaron:

