Franco Parisi ha construido su figura pública en Chile más desde la polémica que desde la coherencia. Aunque se presenta como un economista brillante y un outsider de la política tradicional, sus antecedentes académicos han sido cuestionados por exageraciones y omisiones, incluyendo la forma en que presenta sus títulos y su experiencia profesional. Su estrategia se ha basado en ofrecer soluciones simplistas a problemas complejos, usando un discurso populista que seduce a quienes desconfían de los partidos, pero que rara vez se traduce en propuestas técnicas viables o demostrables.
Lo más polémico de Parisi es su historial personal y su forma de evadir la responsabilidad. Durante campañas electorales ha estado fuera del país —viviendo en EE.UU.—, participando remotamente incluso en debates presidenciales, lo que pone en duda su real compromiso con Chile.
A lo anterior se suma una deuda por pensión alimenticia con sus hijos, la cual ha sido judicializada, y que él ha intentado minimizar como una “persecución política”, cuando en realidad evidencia una conducta personal inconsistente con la ética que predica.
Además, ha aprovechado su visibilidad mediática para impulsar proyectos digitales y económicos de dudosa seriedad, como redes sociales propias o inversiones de alta rentabilidad sin respaldo claro, que han sido tildadas por algunos analistas como operaciones que rozan lo fraudulento. En suma, Parisi representa una figura que canaliza el descontento ciudadano con retórica fácil, pero cuya credibilidad se desmorona al confrontar sus dichos con sus actos. No es necesario inventar nada sobre él: su propio historial basta para desnudar lo chanta del personaje.
Lo anterior no es un secreto para nadie, y la Ale Valle no le dej´pasar nada: