2 de Febrero de 2026
TOMAS KAST

José Antonio Kast ha construido su carrera política sobre un discurso ultraconservador que, en más de una ocasión, ha sido acusado de contener fuertes tintes misóginos. Si bien él rechaza dicha etiqueta, lo cierto es que ha sostenido públicamente posturas que minimizan o cuestionan derechos adquiridos por las mujeres en Chile. Uno de sus gestos más simbólicos fue su voto en contra de la ley que despenalizó el aborto en tres causales, asegurando que incluso en casos de violación, debía protegerse “la vida del que está por nacer”, dejando en segundo plano la experiencia traumática de la víctima.

Además, Kast ha sido crítico del feminismo, al que ha calificado como un movimiento “resentido” o “ideologizado”. Durante el 8M, ha restado importancia a las demandas del movimiento, afirmando que muchas mujeres “no se sienten representadas” por lo que llama “feminismo radical”. También ha sugerido que la lucha por la equidad de género distrae a las mujeres de sus “roles naturales” en la familia, reproduciendo una visión conservadora del género que muchas consideran retrógrada y limitante.

En el ámbito legislativo y de políticas públicas, ha propuesto reducir el Ministerio de la Mujer y eliminar instituciones vinculadas a la equidad de género, como el INDH y el Instituto de Derechos Humanos, alegando que son “instrumentos ideológicos”. Estas propuestas no solo invisibilizan la violencia estructural que viven muchas mujeres, sino que además recortan herramientas clave para su protección y empoderamiento. En debates y entrevistas, Kast ha tenido momentos tensos con mujeres periodistas, a quienes ha acusado de tener una “agenda política” cuando se le cuestiona con firmeza.

Si bien tiene adherentes que argumentan que sus ideas representan valores tradicionales, para muchas personas —incluidas mujeres de distintos sectores— su discurso refleja una resistencia sistemática al avance de los derechos de género. Kast no solo plantea un modelo donde la mujer queda relegada a un rol secundario en lo público, sino que ha promovido un tipo de masculinidad autoritaria, que encuentra eco en sectores que sienten amenazada su posición frente a los cambios sociales. No es odio explícito, pero sí una constante desvalorización del avance femenino, disfrazada de defensa del orden y los valores.

Un programa entrevistó telefónicamente a su sobrino, Tomás, quien renegó a lo bestia de su tío:

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