2 de Febrero de 2026
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En medio de la teleserie de egos presidenciales del ala derecha, Carlos Larraín—sí, el mismo que siempre parece recién salido de un cóctel en los años 50—decidió bajarle el pulgar a Evelyn Matthei y bendecir como su elegido a José Antonio Kast. Lo hizo entre susurros nerviosos en un podcast, casi como quien confiesa que aún guarda VHS de Pinochet: “Mi candidato es Kast, pero no quiero hablar de eso porque me van a pegar”, dijo, aunque ya venía dando señales desde hace rato.

El comentario, por supuesto, desató reacciones, y fue Iván Moreira quien salió al ruedo con una defensa épica, como si estuviera en un remake criollo de Juego de Tronos, proclamando que con Matthei van “hasta el final, con dignidad y lealtad”, aunque eso implique perder más veces que Universidad de Chile en clásicos.

Ahora, lo curioso es que Larraín se la juega por Kast como si no cargara con el elefante en la habitación: el historial de su propio hijo, que años atrás atropelló y mató a una persona… y salió más limpio que parabrisas en lavadero VIP. Es como escuchar consejos de seguridad vial de parte de Rápido y Furioso, edición rural.

Así que mientras Larraín reparte bendiciones políticas con la misma soltura con la que la élite perdona delitos, en la UDI al menos intentan no perder la compostura. O al menos eso dicen… hasta que vean otra encuesta.

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