Franco Parisi, el economista prófugo de la pensión alimenticia, vuelve a dar la nota en su eterna teleserie política, esta vez fichando como vocero a Pablo Maltés, conocido más por sus derrotas que por sus logros. El anuncio, hecho en un café como si fuera casting para “El Reemplazante”, sorprendió a todos menos a quienes ya saben que en el PDG la meritocracia se mide en likes y polémicas. Con esta jugada, Parisi confirma que si no puede pagar la pensión, al menos puede pagar con visibilidad a personajes secundarios.
Pablo Maltés, cuya hoja de vida electoral parece una lista de eliminaciones de “Yo Soy”, ha perdido en la carrera a gobernador, a alcalde y a todo lo que se le ha cruzado. Pero como dicen en la farándula política: “el que no gana, vocifera”. Ahora será el encargado de traducir al “chileno promedio” las ideas de Parisi, aunque nadie tiene muy claro cuáles son esas ideas, salvo reducir su propia carga parental vía Zoom. En el fondo, Maltés es el equivalente político del “acompañante sin derecho a postre”, pero ahí está, con micrófono en mano.
La guinda de esta torta sin levadura es el respaldo entusiasta de Pamela Jiles, quien tras brillar brevemente por los retiros del 10%, quedó atrapada en un loop de polémicas, papelitos rosas y encuestas imaginarias. A falta de nueva causa popular, ahora se cuelga de la candidatura de Parisi como si fuera una teleserie turca mal doblada. Y claro, siendo ella la que sostiene económica y emocionalmente a Maltés, la movida parece más una pyme familiar que una campaña presidencial.
Así, la campaña de Parisi avanza como su historial judicial: llena de giros inesperados, promesas sin cumplir y personajes secundarios que se creen protagonistas. Con Maltés como vocero y Jiles como promotora, este trío se instala como el reality show político del año. Quizás no ganen la elección, pero de que darán espectáculo, eso seguro. Total, entre deudas impagas, candidaturas fallidas y tuits delirantes, al menos nadie puede decir que se aburren.