Francisco Orrego ha intentado repetidamente posicionarse como figura relevante en la política chilena, pero con escasos resultados concretos. Su fallida candidatura a gobernador regional en la Región Metropolitana fue una muestra evidente de su falta de arrastre, quedando rápidamente opacado por nombres con mayor peso político y electoral. A pesar de provenir de la derecha, no logró siquiera consolidar apoyo firme dentro de su propio sector, donde fue ninguneado o abiertamente ignorado por los partidos tradicionales, que optaron por otros perfiles con más posibilidades reales de competir.
Su presencia mediática ha quedado confinada principalmente al programa Sin Filtros, donde oficia de panelista constante, muchas veces con un tono altanero y discursivo que parece más interesado en provocar que en persuadir. Si bien eso le ha permitido una cierta visibilidad, también lo ha encasillado como un “opinólogo de derecha”, más que un líder de opinión influyente o un actor político con proyección. A falta de apoyo ciudadano y respaldo partidario, Orrego ha terminado siendo un rostro conocido pero políticamente estancado, cuya mayor tribuna sigue siendo un set de televisión más que las urnas.
Había guardado silencio, hasta que Carlos Caszely le llamó fascista a Kast, acción que valió la salida del fracasado mencionado a hacer este show