El expresidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle ha declarado recientemente que no puede apoyar a Jeannette Jara para presidir al país porque sus principios democratacristianos no le permiten “comulgar con el Partido Comunista”. Sin embargo, esos mismos principios parecen no haberle impedido hacer negocios en la “China comunista”, donde —según una nota publicada por EMOL— se comercializa su vino “FREI” a nada menos que 900 mil pesos chilenos la botella.
La contradicción no pasó desapercibida. Mientras el exmandatario traza una línea moral entre su historia política y el PC chileno, su marca de vinos de alta gama fluye sin problema en un mercado controlado por el Partido Comunista chino, bajo un régimen unipartidista que concentra poder político, económico y cultural. La defensa de los “valores democráticos” parece tener límites difusos cuando se trata de exportaciones exclusivas y alianzas comerciales de alto nivel.
Este tipo de incoherencias no solo erosionan la credibilidad de figuras políticas históricas como Frei, sino que también refuerzan la percepción de que los principios invocados en público muchas veces se adaptan según la conveniencia del bolsillo. Mientras tanto, el vino fluye —y no precisamente en nombre de la democracia.
La nota del EMOL: