La presencia de José Antonio Kast en los canales de televisión abierta ha sido notablemente creciente en los últimos años, especialmente a través de matinales y espacios de alto rating. Sus apariciones en programas como Bienvenidos de Canal 13 y otros espacios informales le han permitido mantener un contacto directo con audiencias masivas, distanciándose del estilo más institucional de otros candidatos
Este tipo de plataformas ofrecen un campo propicio para que figuras como Kast puedan moldear su imagen pública con discursos claros de orden, seguridad y valores tradicionales. En su debut en la franja presidencial televisiva, buscó mostrar una faceta más moderada y cercana al votante promedio, apelando a la familia, la patria y símbolos nacionales, lo que respondió estratégicamente al desafío de legitimarse frente a electores inquietos tras el estallido social
No obstante, esta exposición mediática también ha sido objeto de críticas. Analistas como Javiera Olivares han advertido sobre el riesgo de amplificar discursos sin suficiente cuestionamiento ético, especialmente cuando se trata de figuras que pueden polarizar o generar desinformación. Aún si la televisión abierta sigue siendo uno de los principales medios a través del cual la ciudadanía construye su realidad sociopolítica, la escasa confianza en estos canales —solo un 23 % de los chilenos confía en la TV tradicional— pone en perspectiva el impacto real de esta influencia mediática
En síntesis, el poder mediático de José Antonio Kast en los canales abiertos se ha traducido en una plataforma efectiva para amplificar su mensaje y consolidar su figura como líder de derecha. Sin embargo, este protagonismo viene acompañado de cuestionamientos sobre el rol de los medios en la construcción de la agenda política y sobre cómo equilibrar la necesidad de informar con la responsabilidad de no promover discursos simplistas o polarizantes.
Alejandra Valle, Stingo, Rodrigo Herrera, solo por invocar algunos nombres, son periodistas sacados del aire por no caer en las mentiras de los medios controlados por empresarios pensantes como Kast. Acá Mirna Schindler dando su caso: