3 de Febrero de 2026
ACAO

Johannes Kaiser entró al Congreso como si viniera saliendo de una batalla de Game of Thrones, con discursos grandilocuentes, una devoción casi religiosa por el liberalismo clásico y la Constitución de 1980 bajo el brazo. Se presentó como el “guerrero” de las ideas de derecha dura, pero bastaron unos pocos tuits y videos para que sus propias palabras lo pusieran contra las cuerdas. De hecho, antes de asumir oficialmente su cargo como diputado, ya había tenido que renunciar al Partido Republicano por declaraciones misóginas que hasta su hermano (Axel Kaiser, sí, ese Axel) tuvo que mirar de reojo.

Sus perlas son variadas y a veces rozan lo surrealista. En uno de sus videos, cuestionó el voto femenino dando mucho que hablar. Esa frase, que en el siglo XIX quizás habría sido ovacionada en una fonda victoriana, hoy le costó miles de críticas… y memes. Pero Kaiser no se amilana: se declara víctima de la “corrección política” y de una izquierda que no soporta “la verdad sin anestesia”. Lo cierto es que ni anestesia ni filtro: cada vez que habla, alguien en su equipo de prensa debe estar al borde de una crisis de pánico.

También se ha declarado pro-armas, anti-feminista, pro-capitalismo absoluto y anti-impuestos, una mezcla que lo convierte en una suerte de libertario criollo con traje de Diputado y alma de youtuber cabreado. Se ha comparado con héroes del liberalismo, aunque a veces parece más bien un villano secundario de algún cómic de Alan Moore que se confundió de universo. En sus discursos parlamentarios mezcla citas de Hayek con quejas sobre la falta de “hombres de verdad” y el “adoctrinamiento” en los jardines infantiles. La seriedad institucional tiembla.

A pesar de todo, Johannes Kaiser ha logrado tener una base leal que lo sigue por redes sociales, especialmente en YouTube, donde dispara contra el sistema, los medios, los progres, y lo que se le cruce. Es una figura que oscila entre el troleo político y el delirio ideológico, pero sin duda, nunca pasa inadvertido. En resumen, Kaiser es como ese tío que llegó al asado con un manifiesto libertario, una katana, y el deseo incontrolable de explicarte por qué el impuesto al pan es un crimen moral. ¿Convincente? Para algunos, sí. ¿Cringe? Definitivamente también.

Hace poco andaba de paseo en Curicó, en donde una multitud de personas (no se sabe si adherentes o detractores) lo esperaban, y cual Amaral le cantaron: Salir corriendo:

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