2 de Febrero de 2026
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Cristián Araya, actual diputado del Partido Republicano y ex concejal por Vitacura, protagonizó un accidente de tránsito en la madrugada del 13 de enero de 2018 tras pasar un semáforo en rojo y huir por unos 200 metros antes de ser detenido por Carabineros. Durante el control, los uniformados detectaron hálito alcohólico y la prueba de alcoholemia confirmó que conducía bajo los efectos del alcohol. Araya fue puesto en libertad y citado a la Fiscalía, y posteriormente emitió excusas públicas, calificando lo sucedido como una “irresponsabilidad absoluta” que lo avergonzaba profundamente.

Este incidente no solo impactó su carrera política, sino que también generó críticas y cuestionamientos sobre la coherencia entre su imagen pública y sus acciones privadas. Aunque logró continuar su camino político y hoy ejerce como jefe de bancada en la Cámara y preside la comisión de Seguridad Ciudadana, el episodio ha quedado como una mancha en su historial que suele ser mencionado por sus opositores como ejemplo de doble estándar moral dentro del sector.

Hoy, convertido en férreo defensor del orden, la autoridad y la moral, Cristián Araya ha optado por una estrategia peculiar en la red social X (ex Twitter): bloquear sistemáticamente a quienes osan recordarle su fallido paso por la conducción bajo influencia del alcohol. El método, más cercano a “tapar el sol con un dedo” que a enfrentar las críticas con altura, ha transformado su cuenta en una suerte de salón de eco para fieles, mientras los memes y capturas del episodio siguen circulando fuera del muro de su timeline. Al parecer, en vez de frenar en seco, decidió seguir con el pie en el acelerador… pero esta vez en redes sociales.

Además, Araya recientemente se convirtió en blanco de memes y burlas cuando criticó duramente a la ministra Vallejo por la no visita del presidente a la mina el Teniente en Rancagua, post accidente. El accidente fue fortuito, y su accidente fue curado. El doble estándar dinamita su retórica: mientras exige presencia inmediata del gobierno en tragedias ajenas, bloquea a quienes le recuerdan sus propias responsabilidades. Y así, tratando de mantener el decoro desde lo público, terminó siendo literalmente un accelerador de incoherencias.

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