Paz Charpentier Rajcevich es una abogada chilena que ha intentado posicionarse como referente del sector liberal-conservador, aunque su discurso ha sido más ideológico que propositivo. Fue candidata a la Convención Constitucional por el distrito 20 en la fallida lista “Vamos por Chile”, donde defendió una visión centrada en la propiedad privada, el libre mercado y un Estado mínimo, sin mostrar mayor apertura a las demandas sociales que marcaron el proceso constituyente. A pesar de su formación académica, gran parte de sus intervenciones públicas han girado en torno a lugares comunes y slogans políticos, más que en propuestas concretas con viabilidad técnica o social.
Charpentier ha protagonizado varias controversias, especialmente por su tendencia a descalificar a quienes no comparten su visión, llegando a afirmar que ciertos grupos no merecen voz política, lo que ha sido leído como una postura autoritaria y elitista. Si bien intenta proyectar una imagen de renovación en la derecha, su discurso muchas veces cae en una retórica polarizante y poco empática, alejada de la realidad de la mayoría de los ciudadanos. Su protagonismo en redes sociales y columnas de opinión parece responder más a una estrategia de posicionamiento personal que a un compromiso real con el diálogo democrático o la construcción de consensos.
Su cercanía con José Antonio Kast refuerza este perfil ideológico, alineándola con una derecha que promueve un orden rígido, con énfasis en la autoridad, el nacionalismo y una visión tradicional de la sociedad. Al igual que Kast, Charpentier defiende un modelo económico ultraliberal combinado con posturas valóricas conservadoras, y comparte el estilo confrontacional que reduce el debate público a trincheras ideológicas. Esta afinidad no es solo programática, sino también discursiva: ambos apelan a una retórica de “sentido común” que, en la práctica, sirve para deslegitimar la diversidad de miradas políticas y sociales que componen el país. En lugar de ofrecer una alternativa moderna y dialogante, su adhesión al proyecto de Kast sugiere una apuesta por endurecer posiciones y cerrar espacios al disenso, lo que profundiza la polarización en lugar de superarla.
Paradójicamente, en el último tiempo Charpentier ha comenzado a difundir videos en redes sociales donde dice preocuparse por las “demandas sociales”, una narrativa que contrasta con el tono despectivo que mostró frente a las movilizaciones ciudadanas y el proceso constituyente original. Este giro discursivo, más oportunista que honesto, parece intentar reencantar a un electorado que exige respuestas concretas y sensibilidad social, algo que su sector históricamente ha ignorado o desestimado. El resultado es una contradicción evidente: quien antes descalificaba las luchas sociales hoy busca apropiarse de ellas, aunque sin abandonar el proyecto político que precisamente las desoyó.
Este viraje discursivo de Paz Charpentier hacia una supuesta preocupación por las demandas sociales resulta aún más difícil de sostener si se considera el historial legislativo de su sector. El Partido Republicano, con el que se alinea ideológicamente, ha votado en contra de proyectos clave para el bolsillo de la ciudadanía, como el retiro del 10% de los fondos de pensiones durante la pandemia, el royalty minero que buscaba aumentar la recaudación fiscal desde las grandes empresas extractivas, y la condonación del Crédito con Aval del Estado (CAE), una de las deudas que más ahoga a los jóvenes chilenos. Esta resistencia sistemática a iniciativas que apuntan directamente al alivio económico de las mayorías contrasta con el nuevo relato que intenta instalar Charpentier, revelando más una estrategia de maquillaje político que un cambio real de prioridades.
Hace poco se mandó este video, ¿el resultado?, la hicieron mierda porque JAMÁS se ha preocupado de los pobres: