La vocería de Mara Sedini parece haber convertido el idioma español en una especie de laboratorio experimental: frases que parten en A, pasan por B y terminan en un lugar desconocido. El clásico “por razones felices tenemos noticias tristes” no solo desafía la lógica, sino que deja al público preguntándose si reír, preocuparse o simplemente reiniciar el cerebro. Comunicación cuántica: dos estados al mismo tiempo.
Cuando salió prácticamente arrancando de la prensa, más que vocería parecía prueba olímpica de velocidad. Porque claro, en teoría el rol es enfrentar preguntas, no practicar esquiva nivel experto. La escena dejó una sensación curiosa: mientras más preguntas hay, más urgente se vuelve la necesidad de desaparecer. Estrategia comunicacional tipo “si no estoy, no me preguntan”.
Luego vino el episodio del “estrecho de Magallanes”, que terminó siendo menos geográfico y más conceptual. Porque una cosa es equivocarse, y otra es abrir un multiverso donde los conceptos empiezan a mezclarse sin control. Ahí uno entiende que el problema no es el error puntual, sino la reiteración: cuando los tropiezos dejan de ser accidentes y pasan a ser parte del patrón.
Y finalmente, el inolvidable “estamos trabajando contra la seguridad”, una joya que probablemente no estaba en el guion… pero igual salió al aire. Ese tipo de frases resumen todo: intención correcta, ejecución caótica. Porque al final, más que mala fe, lo que se percibe es una vocería que lucha constantemente… contra sí misma.
Y acá, recapitulamos todo: